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La historia desmemoriada
Ruben Perez Correa - Galicia - febrero 2003


Si alguna vez el lector visita el decrépito Berlín este, en una plaza cercana al cementerio Friedrichsfeld construída al más severo estilo del realismo soviético pero curiosamente profusa en flores y que fue levantada durante el régimen comunista de la RDA, se encontrará de bruces con un gigantesco monolito con una inscripción cuya traducción del alemán viene a significar 'los muertos nos advierten'. Se trata del homenaje del pueblo alemán a Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, líderes revolucionarios alemanes, fundadores del DKP (Partido Comunista de Alemania) y asesinados a sangre fría durante las revueltas espartaquistas que lideraron junto a la clase obrera alemana en 1019. Un monumento a la memoria histórica que, destruído por orden de Goebbels en 1941 y levantado posteriormente tras la liberación del este germano, es cada mes de enero visitado por miles de personas que alimentan así el alma contra la desmemoria. Y muchas más, paradógicamente, que durante la época de la RDA.

El que aventure cenizo o escabroso el advertimiento del monolito estará posiblemente errando de raiz. Y errará no por intuir la veracidad del axioma, tantas veces empleado, de 'los muertos no hablan', el error surge de identificar el silencio histórico, manipulable y oportunista, con el silencio de los muertos. Decía Pérez Esquivel, premio nobel de la paz y luchador infatigable por los derechos humanos, que no hay clamor más fuerte que el que día a día emite la historia de las miles de voces silenciadas desde terribles aviones o desde las profundidades de los campos argentinos en los oscuros años de la dictadura.

Los mismos gritos, la misma memoria emana de cientos de hectáreas del suelo que pisamos. Los miles de fusilados, paseados, exterminados por el fascismo durante y después de nuestra Guerra Civil claman no ya una justicia que transiciones y desmemorias se han encargado de volatilizar, claman recuperar la memoria histórica de sus vidas y luchas, para que se recupere del pasado los pasos firmes que han de guiar el futuro. En el Campo de Gibraltar, en las afueras de Badajoz, en las tapias de Gandesa, en Carabanchel alto, en cunetas y cementerios anónimos está escrita la historia de una derrota política e ideológica, la de la II República, pero también los ejemplos de lucha de miles de militantes antifascistas, hombres y mujeres, intelectuales, obreros, campesinos, maestros.... ciudadanos que soñaron a partir de aquel caluroso 14 de abril de 1931 una españa viva, que no una Viva España.

Recuperar esta porción de nuestra historia, remover conciencias y no viejos odios, es lo que tratamos asociaciones como el FORO POR LA MEMORIA que, constituída por ciudadanos de todo el estado español estamos iniciando el ingente trabajo de identificar, desenterrar y dar el pendiente homenaje familiar y público a los vencidos silenciados, los vencidos ya lo tiene en sus cómodas jubilaciones castrenses, en muros de iglesias entre vítores fascistas o en el quehacer de alcajdes parafascistas que se niegan a retirar nomenclaturas franquistas a calles públicas o que recalifican terrenos donde yacen cientos de fusilados en fosas comunes sin identificar, donde, en cada una de ellas, yace también la historia de la España silenciada. Con orgullo, conscientes de la deuda histórica que varias generaciones tenemos con los antifascistas vivos o desaparecidos, decenas de años después ciudadanos anónimos oímos clamar el suelo que pisamos cada día, el clamor de esos difuntos que nos advierten que un pueblo sin memoria repite los errores de su Historia. Son las voces que el poeta chileno Vicente Huidobro decía que '...cantan en la marea que sube para crear la alegría de los tiempos nuevos....'