Entrevista a SALOMÉ García - Premio Libro del Año por 'La voz dormida' (Alfaguara)
'Ser roja o mujer de un rojo merecía la muerte' - El Periódico 19/06/03
SALOMÉ García
Zafra (Badajoz), 1954
Premio Libro del Año por 'La voz dormida' (Alfaguara)
Hija de poeta, su padre le dio a beber el veneno de la poesía y ella, dice, lo tragó con fruición. Empezó a escribir de niña, arrullada por los versos del cabeza de familia. Y hoy, que ya acumula premios literarios, colecciona agradecimientos de lectores que descubren retazos de la historia de sus mayores en las vidas de las protagonistas de La voz dormida, la historia silenciada de las mujeres que perdieron la guerra civil.
--¿Los españoles conocemos nuestra historia reciente?
--No, absolutamente, no. Conocemos parte de la historia, y siempre la misma parte. El resto ha sido ocultado durante muchos años a través del silencio, primero impuesto y luego pactado. Hay jóvenes que descubren datos a través de mi novela.
--La voz dormida gira sobre las mujeres. ¿Es porque usted es mujer o porque eran las protagonistas?
--La mujer tuvo un protagonismo indiscutible durante la guerra civil y la posguerra que no se le ha reconocido nunca. Yo quería hacer un homenaje a esas mujeres que lucharon tanto y perdieron tanto... y a las que nadie ha dado siquiera las gracias.
--¿Qué ha descubierto?
--Lo que más me ha hecho sufrir es la represión tan fortísima a la que estaban sometidas por el mero hecho de ser rojas o mujeres de un rojo. Eso merecía incluso la muerte. A mí es lo que más me ha dañado.
--Ha abierto una espita.
--Hay una inquietud generalizada por recuperar la historia secuestrada, las voces silenciadas. No muertas, dormidas. Todavía, afortunadamente, hay gente que vive. Es tarde, pero no demasiado, aunque muchos murieron sin la satisfacción de ver su dignidad reconocida. Es fundamental seguir investigando.
--Para no repetir errores.
--Y también por el mero derecho de conocer lo que es nuestro, para saber la verdad. Y dejar de favorecer el silencio. Ya es hora de dejar de estar tranquilos encima de una mentira.
--Ahora se abren fosas comunes.
--Se ha reclamado justicia para los desaparecidos en Chile, en Argentina... y, sin embargo, aquí empezamos ahora. Y a los familiares, que sólo piden recuperar los cuerpos, ni siquiera les ayudan a encontrarlos. Desenterrar a los muertos es un acto de amor, y hay que ayudar a la gente que lo hace. Hay unos 30.000 reclamados y muchos más que no tienen quien les reclame. Los familiares se enteraban porque les decían en la cárcel: 'No traigas más comida, que ya no la va a necesitar. Y cuidadito con llorar o montar escándalo'. Así se enteraban.
--¿Aún duele hablar de la guerra?
--Mucho. Le duele a la derecha y le duele a la izquierda. El miedo en la izquierda es comprensible porque Franco no quería aniquilar sólo a los republicanos, sino al espíritu de la República. España era un país sometido a la sombra del miedo.
--Algunos aún se ocultaron para hablar con usted.
--Claro. Cuarenta años de silencio lo convirtieron en costumbre. Pero es que luego, en los pactos de la transición se pactó el silencio. No remover. Eso se entendía en la transición, se asumió como algo necesario, un mal menor para evitar otro mayor. Pero 25 años de democracia y una mayoría absoluta del PSOE de bastantes años... ¿por qué tanto silencio? El caso de Reme, guerrillera de Levante y Aragón, torturada hasta que le rompieron la matriz y nunca pudo tener hijos. Le negaron la pensión porque no había cumplido los 65 años. Ella dice que, cuando la torturaron, nadie le preguntó su edad.
--Los perdedores fueron muy generosos en la transición.
--Por eso la derecha tiene que ser generosa ahora y dejar hablar. No quiere enfrentarse a los muertos de la izquierda, pero tiene que asumir que eso pasó.
--¿Sus protagonistas son más fuertes que la media?
--O eran fuertes o se morían. Yo he tratado de retratar un tiempo en el que hacía falta la generosidad, la valentía, el amor. Eran mujeres fuertes y lo siguen siendo.
--¿Y de esas abuelas pueden nacer nietas del PP?
--Pues sí. Los hijos no heredan la ideología del padre. Y eso no me parece mal, incluso es sano. Tanto en un sentido como en el otro.
--¿Sospechaba usted que había tanto dolor oculto?
--Es distinto conocer el horror como hecho histórico que conocer a las personas que lo padecieron. Tienen nombre, rostro, ojos y lágrimas.
--¿Y se puede uno despegar de esas gentes al terminar la novela?
--No. Estoy demasiado afectada. Tengo un compromiso moral con ellos. No puedo decir no cuando me llaman ahora. No es un libro sin más, es todo lo que está sucediendo desde el libro. Hay mucha gente que se acerca a mí sólo porque ve a alguien dispuesto a escuchar.
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