La tapa de cloaca republicana (Sant Adrià - Barcelona)
Sant Adrià descubre una boca de alcantarilla grabada con el nombre que tuvo la ciudad durante la guerra y que pasó 66 años ignorada. Marzo 2003.
124 municipios catalanes eliminaron los nombres de santo de su denominación
El Periódico de Catalunya - 30/03/2003
ANTONI CAPILLA
SANT ADRIÀ DE BESÒS
Técnicos municipales de Sant Adrià de Besòs localizaron y, celosos de su pasado histórico, retiraron hace unos días una tapa de alcantarilla de finales de los años 30 en la que todavía figura la denominación que el municipio tuvo durante la guerra civil, Pla de Besòs, el mismo con el que su actual alcalde, Jesús María Canga, propuso rebautizar el barrio de La Mina.
Sant Adrià no fue un caso aislado en los últimos años de la legalidad republicana. Otros 123 municipios catalanes fueron rebautizados en mitad del fervor revolucionario de los primeros años de la guerra civil. Seis pueblos catalanes aún conservan sus nombres revolucionarios. El resto ha caído en el olvido.
En octubre de 1936 las autoridades de Sant Adrià decidieron rebautizar el municipio y dejar para la historia el nombre tradicional que honraba a una vieja iglesia parroquial documentada en el siglo XI. El nombre escogido fue Pla de Besòs, 'una denominación sin ningún antecedente histórico y que no era más que la adaptación del término con el que se conocía la amplia extensión de terreno que se extendía entre las antiguas murallas de Barcelona y Collserola', apunta Manel Fuentes, historiador y técnico municipal de Sant Adrià.
Quizás por ello, y porque las autoridades franquistas recuperaron los nombres de toda la vida tras la guerra, los vecinos de Sant Adrià habían olvidado que durante dos años y medio vivieron en un municipio con otro nombre. Un nombre, Pla de Besòs, que hoy suena como propuesta para renombrar el barrio de La Mina además de dar nombre a la sociedad municipal que gestiona los pisos de esta barriada.
De Pins a San Cucufate
Una situación paralela vivió Sant Cugat del Vallès. En una improvisada reunión, el comité revolucionario local decidió cambiar la denominación de pueblo y rebautizarlo como Pins del Vallès en honor a las entonces abundantes pinedas que poblaban su término municipal. 'El cambio tuvo su polémica, porque el juez del pueblo tuvo sus más y sus menos con el alcalde por haber escogido este nombre totalmente artificial y no haber recuperado el nombre original del pueblo, Octavià del Vallès', apunta Domènec Miquel, director de la revista GAUSAC, del Grup d'Estudis Locals de Sant Cugat.
Más de 60 años después, el recuerdo del nombre Pins del Vallès se limita a una escuela bautizada en su nombre. Acabada la guerra, las nuevas autoridades rebautizaron el pueblo como San Cucufate del Vallés.
Sólo seis de las modificaciones propuestas entre 1936 y 1937 prevalecieron tras la contienda. El único municipio catalán que eliminó definitivamente la advocación a un santo fue Vilassar de Dalt, que convirtió en historia su viejo nombre de Sant Genís de Vilassar.
El cambio de nombres llegó al callejero de Barcelona. El ayuntamiento publicó en septiembre de 1938 una lista con las 71 calles que, oficialmente, sufrieron alguna alteración en su denominación (otras 60 cambiaron de nombre pero no fueron asumidas por el ayuntamiento). La avenida Laietana pasó a llamarse Durruti, el paseo de Gràcia se dedicó a Pi i Margall, la plaza de Urquinaona se convirtió en la de Ferrer i Guàrdia, la Meridiana pasó a ser la avenida URSS, la plaza de Sant Josep Oriol se transformó en la plaza del Milicià Desconegut y la plaza de la Sagrada Família se rebautizó como Ukraïna.
En Catalunya 124 municipios cambiaron de nombre. Los cambios afectaron, en particular, a los municipios con nombres de santos. Pero 'a pesar de la euforia revolucionaria del momento, subsistieron sin alteración 32 nombres de santos, además de algunos topónimos de raíz religiosa evidente como Parròquia d'Hortó o Vallbona de les Monges', apunta Joan Tort, autor de un estudio sobre el tema en la revista Scripta Nova.
Algunos municipios se encomendaron a las alusiones a las producciones de su hábitat. Sant Climent de Llobregat pasó a llamarse Cirerer de Llobregat y Sant Feliu de Llobregat se transformó en Roses de Llobregat. Otros municipios recuperaron topónimos extinguidos hacía años como La Força (Sant Pere de Vilamajor), Lloriana de Ter (Sant Vicenç de Torelló) o Aigüestoses (Sant Andreu de la Barca). En algunos casos, los nuevos nombres dejaban entrever cierta fascinación por la antigüedad remota (Empori, por Sant Pere Pescador) o por el patrimonio histórico (Castellsarroca por Sant Martí Sarroca).
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