Recuperación de la
Memoria Histórica en la provincia de Toledo
Borrador de Manifiesto
diciembre 2002
Cuantas más organizaciones
políticas, sindicales, sociales, culturales, etc apoyen
el manifiesto, más posibilides tendremos de conseguir
que se respete la memoria de los que cayeron por la Libertad.
La actuación urbanística acometida
en el patio 42 (Patio de caridad) del Cementerio Municipal
de Toledo ha dejado al descubierto una página de la
historia de la ciudad. La aparición de centenares de
restos óseos entre los cuales, casualmente, los obreros
encargados de vaciar la gran parcela (aprox. una hectárea)
pudieron identificar los de algunos familiares de amigos desaparecidos
a raíz de la toma de la ciudad por las tropas del ejército
de África, permite suponer que dicha parcela fue la
del destino final de una gran parte de las víctimas
republicanas originadas a raíz de dicha conquista,
además de los restos propios de caridad.
Las dramáticas circunstancias de la
ocupación de Toledo por las tropas del general Varela
(días 27 y 28 de septiembre de 1936) están bastante
documentadas, al menos en lo que se refiere a sus aspectos
externos y descriptivos. Ahí están las crónicas
y escritos de Peter Wyden, John Whitaker, Webb Miller, Geoffrey
Cox, Claude G. Bowers (embajador norteamericano), del teniente
de la legión Fritzpatrick, del padre Alberto Risco
(SJ) y, más recientemente, del funcionario Manuel Lanza.
Corresponsales de prensa, personalidades, escritores y protagonistas
activos o pasivos de los hechos, la mayoría simpatizantes
de las tesis nacionales. Prácticamente todos ellos
señalan inequívocamente, o dejan entrever, que
además de las bajas debidas a la operación militar,
causadas entre los milicianos y las tropas republicanas que
defendían la ciudad[1], se procedió a una limpieza,
paralela y posterior, ejercida sobre los prisioneros, heridos
y personal civil sospechoso de adscripción roja, sin
ningún tipo de procedimiento.
Aunque es imposible conocer, por ahora, la
identidad[2] y cuantía total de los muertos republicanos
de aquellas jornadas, al menos conocemos el número
de los que fueron inhumados en el Cementerio Municipal. Gracias
a la probidad del funcionario encargado del Libro-registro
del Cementerio Municipal de Toledo, sabemos que los enterrados
en las fosas comunes -seguramente las del patio cuya destrucción
ahora se completa- entre el 27 de septiembre y el 13 de octubre,
ambos inclusive, fueron 727. Cantidad repartida en veintiuna
tandas de cadáveres, sin más información
que la del día de su entrada, el número de cuerpos
de cada tanda y la escueta anotación de desconocidos.
Las diez y seis primeras tandas correspondientes al 1 y al
3 de octubre -y ocho cadáveres sueltos del 27 de septiembre-
suman un parcial de 564 víctimas, entre las que deben
encontrarse la casi totalidad de las causadas en los combates,
junto a las producidas entre los prisioneros y personal civil
durante las 24/48 horas posteriores y que permanecieron amontonadas
antes de ser acarreadas al cementerio Por otro, las cinco
últimas tandas que figuran los días 4, 5, 6,
7 y 13 de octubre (una cada día), con un saldo parcial
de 163 víctimas, y que, lógicamente, no pudieron
derivarse de los efectos directos del combate.
Este es, en esencia, el origen de los restos
ahora exhumados. Desde el interés del historiador sería
necesaria su contabilidad, su datación y la determinación
de la causa de la muerte. Desde el amor y el recuerdo de los
familiares, la constatación de un hecho presentido
pero nunca confirmado, la inscripción en el registro
civil, y si no es posible la identificación individual,
al menos el reposo colectivo en un lugar digno. Y desde la
decencia política y cívica, por encima de cualquier
ideología, el reconocimiento para quienes estuvieron,
equivocada o acertadamente, sustancial o accidentalmente,
del lado de aquella República legítimamente
establecida. Cualquier gesto, menos la pala excavadora y el
osario anónimo y vergonzante.
Toledo, 15-XII-2002
[1] Las fuerzas republicanas presentes en la
batalla por Toledo fueron, básicamente: varias compañías
de guardias de asalto; algunas pocas unidades regulares traídas
de Madrid y del Levante; anarquistas del batallón Águilas
de la Libertad y de las milicias Leones Rojos; socialistas
y JSU de las milicias del Teniente Castillo; comunistas del
batallón Pasionaria y de ciertas unidades del V Regimiento;
y, sobre todo -por su número- las Milicias de Toledo,
varios batallones compuestos por jóvenes toledanos
de las diversas organizaciones ugetistas, socialistas, comunistas
y republicanas de la capital y provincia. Al mando de la defensa
estaba el general Asensio Torrado. Como lugartenientes, el
comandante Juan Bernal y el teniente coronel Ricardo Burillo,
y como jefe de Estado Mayor, el teniente coronel José
Ortega Moliner, luego sustituido por el teniente coronel José
Cerón.
[2] Salvo los correspondientes a los
86 nombres que fueron inscritos en el Registro Civil de Toledo,
causados entre el 28 de septiembre y el 31 de octubre del
1936, y de los que por alguna indicación sobre la causa
de su muerte nos remite a las circunstancias que estamos contemplando.
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