A la búsqueda de los últimos
de Cuba. Arqueólogos españoles rastrean una expedición hundida
en 1898
EL PAÍS | Última - 29-12-2003
Nota de Foro por la Memoria:
Foro por la Memoria apuntaba hace unos meses que había
una gran falta de apoyo para el rescate de los repubicanos
españoles asesinados por el fascismo y que existía
un proyecto para rescatar soldados de la guerra de Cuba. Esta
noticia viene a confirmarlo. Mientras el Gobierno gastará
una buena cantidad de millones, miles de antifascistas duermen
en el olvido de las cunetas su sueño eterno.
EL PAÍS | Última - 29-12-2003
JACINTO ANTÓN - Barcelona
'Con la conciencia tranquila voy al sacrificio', escribió
al ministro de Marina el almirante Pascual Cervera y Topete
antes de poner su escuadra proa al desastre, el 3 de julio
de 1898, bajo los cañones de la superior flota estadounidense.
Un equipo de arqueólogos españoles ha viajado estas navidades
a Cuba para localizar los más tristes despojos de aquel drama
tan valeroso como inútil: los miserables enterramientos, en
las playas, de los marinos muertos en el desigual enfrentamiento
y cuya localización se ha borrado con el paso del tiempo.
Los trabajos se circunscriben al área costera a unos 12 kilómetros
de la bahía de Santiago de Cuba en la que quedaron embarrancados,
tras soportar un diluvio de fuego, los acorazados Infanta
María Teresa (buque insignia) y Almirante Oquendo.
Los arqueólogos consideran que pueden hallar los restos de
cerca de dos centenares de marinos españoles inhumados en
la arena, entre ellos los del comandante del segundo navío,
el capitán Lazaga, y los del condestable del primero, Francisco
Martínez Casanovas. La desgraciada escuadra de Cervera se
componía de otros cuatro buques, los también cruceros acorazados
Vizcaya y Cristóbal Colón y los destructores Furor y Plutón,
y tiene el dudoso honor de ser una de las pocas flotas de
la historia hundida entera en una batalla. En total murieron
343 tripulantes del total de 2.232.
La cercanía de la costa motivó que cadáveres y marinos malheridos
fueran a parar a las playas vecinas de Nima Nima y Juan González,
frente a la que permanece todavía, en aguas someras de las
que sobresale con uno de sus cañones, el Almirante Oquendo.
El buque insignia, en cambio, quedó destrozado.
Los arqueólogos tratarán de confirmar las confusas informaciones
sobre los entierros de marinos en las playas. 'Creo que tenemos
bastantes posibilidades, a la luz de las fotografías aéreas
que muestran importantes indicios de tumbas', explica Francisco
Javier Navarro Chueca, director del proyecto de investigación,
que acomete la empresa privada española Arqueología y Restauración
con el apoyo del Ministerio de Defensa español y la Oficina
del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba. Aparte de
unos túmulos, que corresponderían a entierros individualizados,
las esperanzas se centran en un montículo que podría ser la
gran fosa común a la que fueron a parar la mayor parte de
los muertos. 'En los túmulos estarían los que murieron ahogados
o al poco de alcanzar la playa y fueron enterrados por sus
propios camaradas. Tenemos el testimonio del comandante del
Infanta María Teresa, que dice que el responsable de los enterramientos
fue el teniente de navío Juan Aznar. Bajo el montículo se
encontrarían en cambio los muertos que quedaron a bordo de
los barcos embarrancados o flotando en torno a ellos, la mayoría,
y que habrían sido enterrados por miembros de la marina estadounidense'.
Navarro calcula que puede haber 160 marinos en la fosa común.
'Los que salieron a la playa desde los buques debían estar
desnudos. Los muertos de los barcos debieron quedar carbonizados.
Quizá quede algún botón pero uniformes no creo. Y hay que
pensar que los cuerpos que no fueron enterrados por los españoles
habrán sido saqueados por los estadounidenses o los insurrectos.
El arqueólogo, que ha contado en la investigación documental
con la colaboración del capitán de fragata José Carlos Fernández,
salió ayer para La Habana y el resto de su equipo le seguirá
después.
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