Artículos y Documentos

Dulce Chacón, palabra y memoria
05/12/2003 - José Antonio Vidal Castaño


Conocí a Dulce en Santa Cruz de Moya, un pequeño pueblo cargado de historia donde Cuenca y Valencia se confunden. En 1949, en uno de sus parajes más serranos -Cerro Moreno- doce guerrilleros antifranquistas encontraron la muerte. Dulce presentó allí, entre ex guerrilleros, escritores, organizadores y curiosos, su novela Cielos de barro. Horas, más tarde escribía, para mí, en una de las páginas de su libro, una dedicatoria difícil de olvidar: 'A José Antonio Vidal, porque nos une el amor a la palabra. Con mi amistad y mi cariño, Dulce'. Era una tarde de octubre del 2001. Compartimos unos momentos que hoy, aún recuerdo vivamente.

Luego, más tarde, leí su primera novela Algún amor que no mate, que confirmó mis sospechas. Dulce quería las palabras; las trataba con primor y con el esmero que reclama, para si misma, la escritura; pero, tal vez, un poco menos de lo que quería a las personas, y en especial a las mujeres maltratadas en su hogar y fuera de él; más, si cabe, a aquellas que sufrieron humillación social y represión política, arriesgando sus vidas para luchar por las libertades de todos. Volvimos a vernos, en otra tarde de octubre, fugazmente, en la presentación en Valencia de su última novela, La voz dormida, donde abre, en clave literaria, las cárceles de Franco para devolver a las mujeres la voz y la palabra.

De esto no hace tanto; un año mal contado, pero se me antoja que fue hace unos minutos. Recuerdo su mirada, y sobre todo esa sonrisa abierta que presidía su rostro y que no logro apartar de mi memoria. Pero eso no es todo. Me queda, nos queda, Dulce, tu palabra escrita, bella y duradera, depósito fiel del mejor de los recuerdos.

José Antonio Vidal Castaño.
Historiador y escritor
Valencia


05/12/2003
Enviada a El País, El Periódico y La Vanguardia y ABC.
Publicada en ABC de Madrid (Cartas al Director) el 08/12/03