3.1.1.Localización
A pesar de la seguridad del testimonio principal
sobre la localización de los restos, y a tenor de los
factores expuestos anteriormente, se estableció un
sistema de localización con apoyo de una máquina
excavadora que permitiera retirar la tierra superficial de
forma rápida y controlada. Así, los trabajos
comenzaron inicialmente de forma manual, rebajando una profundidad
media en torno a 40/50 cms. Esta profundidad nos permitía
desmantelar sobradamente el nivel superficial, fruto de la
acumulación de materiales de arrastre, cuya aportación
desconocíamos para el período que había
discurrido desde la "ocultación de los cuerpos".
Con esta profundidad media de partida, una vez desmontada
la capa vegetal el terreno natural debía mostrar claramente
alteraciones en el caso de haber sido excavadas las fosas
y rellenadas con terrenos de aportación.
Tras esta primera aproximación
manual en la zona señalada por el testigo, con resultado
negativo, fue necesario el empleo de una retroexcavadora de
pequeño tamaño para retirar la capa superficial
en un radio más amplio. Dicho trabajo fue siempre supervisado
directamente por el equipo arqueológico en busca de
cualquier indicio que pudiera dar con los restos. La supervisión
arqueológica consiste en el control directo de cualquier
movimiento de tierras, el análisis visual de toda la
tierra extraída por la máquina y la limpieza
e inspección de los perfiles de zanja. Dichos perfiles
son, sin duda unos de los indicadores directos más
fiables para registrar alteraciones del nivel natural. La
búsqueda mecánica no elimina la búsqueda
manual de restos en otras posibles áreas dentro del
radio de búsqueda.
Sin duda un elemento importante en la búsqueda
de restos fue el empleo de un detector de metales sobre la
zona de actuación. Su utilización en la superficie
permitió localizar dos casquillos de fusil Mauser en
una zona próxima a la piedra de referencia y dos vaina
o casquillos de pistola [5], posiblemente relacionados con
los tiros de gracia sobre los fusilados. Debemos decir con
respecto al uso del detector de metales que, aunque ningún
resto metálico se asociaba directamente con los restos
de los desaparecidos, permitían delimitar el área
de búsqueda y establecer hipótesis sobre el
desarrollo de los acontecimientos: lugar desde donde les dispararon,
lugar donde se encontraban y punto donde les remataron.

Los primeros restos del individuo número
1 (ver croquis con la identificación de los individuos)
aparecieron tras el seguimiento de los trabajos mecánicos.
Inmediatamente se detuvo la actuación de la máquina
y se estableció un radio de actuación que permitió
localizar de forma manual las individuos 2, 3 y 4. Para el
individuo nº 5 hubo que recurrir de nuevo a la ayuda
de una máquina, ya que su ubicación difería
en gran medida de la localización de los otros cuatro
y los testimonios eran ligeramente más confusos.
Sin duda, la localización de los restos
en la fosa de Otero de los Herreros permite clarificar y establecer
una sistemática de medios y actuaciones a seguir en
la localización de las fosas; así, es conveniente
iniciar la búsqueda con el detector de metales para
localizar indicios directos de los hechos y restringir el
radio de búsqueda.
Para la excavación directa debemos contar
con una excavadora de apoyo, aunque la excavación manual
dará mayor precisión en el registro y excavación
de los restos. No obstante, debemos indicar que la utilización
de máquina debe asignarse única y exclusivamente
a la localización de las fosas, nunca a la excavación
de los restos que debe hacerse de forma metódica y
minuciosa no sólo de cara a la recuperación,
sino de cara a la reconstrucción de los hechos y al
registro documental, verdadero diferenciador entre la recuperación
de los individuos y la reconstrucción de la Memoria
Histórica de nuestro pasado.
[5] Véase la documentación fotográfica
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