«La madre de Heinz Ches creía que estaba vivo y volvería»
levante-emv.com - 22 de junio de 2004
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Christa Fuchs reivindica a su compañero, ajusticiado por Franco
R.V.M., Valencia
El aplauso del público, en el preestreno del jueves noche de La muerte de nadie, puede que no baste para resarcirles, pero luego, con el coloquio, y cuando la gente confiesa su emoción, ante un documental tan implacable, como es la vida y muerte de Heinz Ches Ñen realidad Georg Michael WelzelÑ tal vez piensen que el viaje ha valido la pena.
Christa Fuchs Ñ su compañera, como ella misma diceÑ y dos de sus hijos, Christiane Grossmanny Michael Schilling, asistieron al estreno en los Albatros de Valencia.
«Yo ya lo he llorado mucho», confiesa la mujer, que ha demostrado su coraje arrostrando los hechos, pasando por lo que pasó en Alemania del Este, la caída del muro, y las revelaciones desgarradoras.
Porque «si bien sabía que había muerto no supe cómo», hasta hace más o menos un año, cuando la jefa de producción de este documental de Malvarrosa Media, la localizó, le visitó y se lo dijo.
«No me lo podía creer, es más, aunque no me parecía que fuerza capaz de hacerme una broma tan cruel», agrega, después de consultar con su hijo, Michael Schilling, un mocetón que ahora investiga sobre su padre, ejecutado por garrote vil en España y enterrado en una fosa común, en Tarragona.
Pero claro está, vieron los documentos y se cercioraron. Fue un duro golpe. «No, nunca les dije nada a los chicos, ellos qué iban a saber, eran tan pequeños, y Silvia, en el colegio, cuando le preguntaban por su padre, se inventó que había tenido un accidente» declaran madre e hijo, mirándose, como apiadados.
En realidad que estaba muerto lo supieron, «la madre lo supo por su primo Breno, sí, pero ella siempre creyó que estaba vivo y que volvería» agrega la compañera de Heinz Ches o Georg Michael Welzel, su auténtico nombre
Una cosa muy importante, ellos recuerdan al hombre. «Georg era guapo, muy simpático, era un chico con ojos marrones, muy coqueto, siempre mirándose al espejo» recuerda ella, que así restituye su mejor imagen tras la falsificación vergonzosa de la policía española y de los jueces que no contentos con cargarle un muerto, le borraron el nombre, la nacionalidad o le desfiguraron la cara en las pocas fotos que dieron a la prensa para hacer de él una bestia...
Porque Georg, así lo atestigua su compañera, y lo decía su madre siempre, «se portó bien con todos, siendo joven, fue como el padre para sus hermanos menores». Y claro de ahí al desalmado que inventaron durante ese juicio "cuyo sumario aún es secreto" va un gran trecho.
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