Fallece a los 81 años el escritor y periodista Eduardo Haro Tecglen. Era columnista y crítico teatral de EL PAÍS y colaborador habitual de la cadena SER
ELPAIS.es - Cultura - 19-10-2005

El escritor y periodista madrileño Eduardo Haro Tecglen ha fallecido esta madrugada a los 81 años de edad. Haro Tecglen era colaborador habitual de EL PAIS, donde escribía una columna diaria. El escritor había sido ingresado el pasado lunes tras sufrir un colapso mientras comía en un restaurante madrileño. Tecglen ingresó en estado crítico en el Hospital Clínico de Madrid, donde ha permanecido en la unidad de Cuidados Intensivos hasta su fallecimiento, que se ha producido a las 3.30 de la madrugada por una "arritmia cardiaca severa irreversible", según ha precisado una portavoz del hospital. Dado que su cuerpo ha sido donado a la ciencia, no tendrá lugar ningún acto funerario. En su lugar, se anunciará un acto de homenaje. Haro Tecglen, nacido en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón, comenzó su carrera profesional en la sección de deportes del desaparecido diario Informaciones, donde permaneció hasta 1945. A finales de los años cincuenta, volvió a su primera casa para ocupar la corresponsalía en París. En el año 1964 se convierte en redactor de la revista Triunfo, de la que después se convertiría en director hasta el año 1980. Pasa entonces a dirigir la Revista Tiempo de historia. Tras esa etapa se convierte en crítico de teatro, columnista y editorialista del diario EL PAIS, labor que venía ejerciendo hasta hoy y que compaginaba con sus colaboraciones en la Cadena SER, en programas como A vivir que son dos días y La Ventana. Eduardo Haro Tecglen opinaba que los periodistas debían exagerar en todo lo relativo a los derechos humanos para transmitir la crudeza de la realidad. Eso es lo que dijo cuando en 1991 recibió el premio de periodismo Derechos Humanos. También tenía en su haber otros galardones como el Premio Javier Bueno o el premio de periodismo Francisco Cerecedo. Entre los libros que publicó Eduardo Haro Tecglen se encuentran el Diccionario político, la biografía de Mao Tse Tung o La Guerra de Nueva York. En 1996 publicó su libro de memorias El niño republicano, en el que mezclaba su experiencia personal con los acontecimientos históricos españoles hasta la Segunda República. En junio del año pasado, con motivo de su 80 cumpleaños Eduardo Haro Tecglen recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En aquel homenaje se definió como "raro, enamoradizo, republicano y, ante todo, rojo". Además de en Informaciones, Tecglen trabajó en España, en Tánger; Sol de España, en Málaga, y los semanarios Sábado Gráfico, Triunfo y Hermano Lobo. Además, era autor de obras como El Refugio, Arde Madrid o Ser de izquierdas.
Luis Domingo Ruiz
19 de octubre de 2005
Ha muerto Eduardo Haro Tecglen. Yo le admiraba.
Tras la muerte del camarada Vázquez Montalbán, el último articulista de combate que quedaba en El País era él. Así se lo dije en una conferencia en Córdoba: “Montalbán y tú sois un oasis en el desierto de la desinformación...“, se sonrojó y contestó “Hombre, también hay gente de altura, está Millás...”, “No, no, ese es sólo un cínico, hay que tener corazón”. Él me regaló a cambio una firma en su libro Ser de izquierdas: “Luis, tú ya eres de izquierdas; no tienes nada que aprender de este libro”. Categoría de hombre del Pueblo: humilde, leal. Leal como aquel pueblo de Madrid en el que Haro, siendo niño, el niño republicano, vendía en las calles los periódicos del Frente Popular. Porque era republicano del 36, no del 31. Creo que allí miró siempre, hasta el día de su muerte, a ese pueblo leal, a ese Frente del Pueblo, que trajo en su programa los proyectos de reforma (modesta y aún pendiente) para el campo, la educación y la salud públicas, el ejército, la participación política y la seguridad laboral... Y que resistió tres años, y cuarenta, y ya parece que no resiste nada.
Sobre su autopercepción política, rehuía los términos “progresista” e “izquierda”, que consideraba desprestigiados, manipulados: él era “rojo”. “La horda roja, la hidra roja, ¿recuerdan ustedes? Eso” (en El niño republicano). Sin ser comunista ni especialmente revolucionario, fue compañero de viaje de los comunistas, una acusación clásica de los fascismos norteamericano y español (macartismo y franquismo, respectivamente) que a él le henchía de orgullo. En una ocasión escribió: “Yo no soy comunista: pero cuando oigo denunciar al comunismo, pienso: 'He aquí un fascista'” (“Los comunistas”, en El País, 17/IX/03). Y con análoga lucidez, dijo recientemente del agazapado PCE en Izquierda Unida: “[El Partido Comunista] se desnaturalizó al ganar la legalización por una transición derechista, una constitución monárquica, unos pactos sociales adversos, los de la Moncloa: mejor quedarse en la oposición total e incluso en la clandestinidad” (“Partido Comunista de España”, en Cadena Ser, 17/VI/04).
Escribía en El País, que precisaba de periodistas de la izquierda para llenar el cupo ideológico y legitimarse así ante sus lectores de la mediocre progresía nacional (progre-dumbre). Pero sin que se notara demasiado: estaba relegado a las penúltimas páginas, a los márgenes de la sección de radiotelevisión. De la misma forma que El Roto habita en los suplementos regionales. El señor Polanco, amigo de paramilitares y mafias, tiene envidia intelectual de los grandes, pero los necesita. Al menos una generación se ha educado políticamente en las páginas de su periódico, y en sus ramificaciones radiofónicas y panfletarias. De esa generación, si algo se ha salvado del desastre, se lo debemos, entre pocos, al compañero Eduardo. Conozco a muchos jóvenes que murieron antes de nacer, que mueren un poco todos los días. Haro, a sus ochenta y pico años, recién nacía todos los días, y de paso daba luz a alguna buena idea.
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