Barcelona. Una muestra ilumina la historia de las cárceles de Franco
El Períodico de Catalunya - 26/11/2003
Los historiadores Manel Risques y Ricard Vinyes son los comisarios de la exposición
Elena Hevia
Al acabar la guerra civil unas 250.000 personas se hacinaban en las cárceles franquistas. Eran los presos de guerra, los que la perdieron, a los que pronto se habrían de añadir los luchadores clandestinos. Seis años más tarde la cifra se había reducido a 15.000 a causa de los fusilamientos, las defunciones dentro de las penitenciarías y, sobre todo, por los indultos que no respondían a una vocación humanitaria sino al desorbitado coste que para el Estado suponía esta superpoblación penitenciaria.
Surgida de una iniciativa de la Associació Catalana d'Expresos Polítics, la exposición Les presons de Franco, que hoy se inaugura en Museu d'Història de Catalunya, saca a luz la oscura y en muchos aspectos desconocida historia de los presos políticos de la posguerra española. Para Ricard Vinyes, uno de los comisarios de la muestra junto a Manel Risques, 'la prisión son los presos'. Es por ello que, ante todo, hayan querido poner el acento en los nombres propios de los represaliados a partir de las fotografías, objetos y documentos que reconstruyen sus historias particulares. Pero no todo han sido facilidades por parte de las instituciones. Así Vinyes se lamenta de no haber podido exhibir los expedientes de dos presos tan carismáticos como Miguel Hernández y Julián Grimau. 'Algo que me resulta incomprensible', dice.
La exposición se abre con un busto del dictador y un documental sobre su victoria triunfal para dar paso a un kafkiano corredor en el que sitúan los archivos de los presos --con numeración real-- y que desemboca en una puerta auténtica de la cárcel de Carabanchel.
INCENTIVAR LA DELACIÓN
La tarea vigilante del Estado, volcada en incentivar la delación, tenía su culminación en los consejos de guerra --en una fotografía puede verse al entonces joven abogado Josep Benet defendiendo al líder comunista Joan Comorera-- y en otro tipo de jurisdicciones como el Tribunal de Orden Público que en los 60 empezó a sustituir a los tribunales militares.
Otro paso previo a la cárcel era la tortura. En la muestra se recogen documentaciones sobre torturadores y torturados, con nombres y apellidos. 'Existe una ley de punto y final sobre el tema', explica Vinyes, respecto a las repercusiones que pudiera tener su exhibición. La impresionante imagen de uno de aquellos torturados, Francisco Téllez, sirve de cartel a la exposición.
La vida cotidiana intramuros, las estructuras de poder y el trabajo penitenciario --el oficial y el clandestino-- tienen también su ilustración y sus responsables en la muestra. Vinyes apunta: 'El mundo carcelario no hubiera podido funcionar sin la colaboración de la Iglesia'.
Este universo de violencia tiene su culminación en las ejecuciones. Pudorosos frente a la muerte, Vinyes y Risques han querido que el garrote vil que se expone sólo pueda verse de forma personal y voluntaria.
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