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La inquieta memoria. Casi 400 familias solicitan a una entidad de Gandesa la localización de los muertos en la Batalla del Ebro.
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA - 23/11/2003


Seis de ellas ya han logrado encontrar a sus antepasados

SÍLVIA BERBÍS
GANDESA

Han tenido que pasar dos generaciones para que los familiares de los soldados desaparecidos en la guerra civil española hayan seguido el rastro de sus antepasados. Tras décadas de silencio y olvido regresa la inquietud de la memoria y, para componer las piezas de un puzle aún hoy inacabado, el Consorci Memorial de la Batalla de l'Ebre (Comebe) creó hace un año una oficina de desaparecidos durante la contienda.
La entidad se encuentra en Gandesa, el centro neurálgico de un territorio donde lucharon a muerte 300.000 combatientes durante más de 100 días de horror, entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938. Algunos historiadores estiman que el ejército republicano perdió a 75.000 hombres en el Ebro y el bando nacional, a 60.000.

Exhumación
'Muchos de los soldados fallecidos fueron enterrados en el campo de batalla por sus compañeros, por los contrincantes en sus avances en el frente o por los agricultores cuando regresaron a las maltrechas fincas', explica el historiador David Tormo, director de proyectos del Comebe. Este consorcio desenterrará en los próximos meses a decenas de esos cadáveres anónimos para clasificarlos y destinarlos a un osario común que se construirá en Camposines, en el término municipal de La Fatarella. Pero la labor de la oficina de desaparecidos es la de localizar a otros fallecidos cuyos nombres sí figuran en los registros civiles de las poblaciones donde había hospitales de campaña y a los que sus familiares perdieron el rastro.
De momento, el censo de fallecidos que aparecen en los registros civiles se eleva a 1.300 personas. 'Esa es sólo la punta del iceberg', señala Tormo. Esos hombres fueron enterrados en su mayoría en las fosas comunes de los cementerios. Cuando esa base de datos sea suficientemente amplia les resultará más fácil contrastar los nombres con los que los descendientes inscriben en las fichas de búsqueda. A veces, los familiares apuntan como fecha de la desaparición la de la última carta que recibieron del frente.
'Al abrir la oficina, hace un año, era una incógnita saber cuántas familias estarían interesadas en recuperar su historia', asegura el director. Hasta hoy han sido 381. De ellas, seis han podido localizar a sus antepasados. Tres yacen en la fosa habilitada en su día en el cementerio de El Perelló (Baix Ebre). Las familias de Gallardo López, vecino de Cerdanyola del Vallès; Pedro de la Cova, natural de Jaén, y Baltasar Marqués Salvador, de Tarragona, ya saben dónde dejar sus flores.