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Ramón Acín, ausente del museo
21/06/2003 - El Periodico de Aragón

http://www.huelgageneral.info/ryn_prueba/


TITULO: Ramón Acín AUTOR: Ramón Acín LUGAR: Museo de Zaragoza (Plaza de los Sitios, 6) FECHA: Junio-Julio

No una, sino dos visitas hicieron falta para intentar comprender el por qué de esta exposición. En ambas, Ramón Acín no estaba. La extensa selección de obras humildes, medrosas de ser tachadas de burguesas, ocultan la personalidad de quien fue su autor, el libertario Ramón Acín. Distribuidas en un orden reglado, sin pasión, como con desgana, a lo largo del monótono corredor, arrumbado por el calor, de la galería del Museo de Zaragoza, pinturas, dibujos y esculturas se niegan a ser portavoces de la historia singular de un hombre moderno.

Solas, sin el apoyo de la personalidad humanista del libertario que fue Acín, apenas consiguen mantener la atención a un ritmo constante. Importunadas, se niegan a alzar la voz. Y no obstante, la reclamamos con insistencia. Recordamos las palabras de Acín: no lo presentan como es, sino como quieren que sea, con las que denunció la apropiación académica y oficial de Goya. Y aquellas otras que explicaban su exposición en el Ateneo de Madrid, en 1931: 'Expongo unas chapas de metal baratas animadas por sencillos dobleces y expongo unos cartones de embalar y ligeramente coloreados y encuadrados como varetas de baulero. Con mi billete de delegado, junto al pijama y al cepillo de dientes, he facturado estas cosas de arte semiburgués...'

Palabras que son la expresión de la humildad que siempre le caracterizó y que humillaba a todos, como recordó Pedro Garfias. Así era Acín, defensor por encima de todo de las libertades individuales y colectivas, un hombre bueno y de espíritu íntegro, creyente en el valor de la educación y en la capacidad del ciudadano para actuar en la vida pública. Estas convicciones impregnaron todas las facetas de su vida --militante anarquista, maestro, pedagogo, escritor y artista-- y definieron su decisiva aportación a la modernidad.

Sus pinturas, dibujos y esculturas no son sino la expresión de las inquietudes plásticas, abiertas a los lenguajes de vanguardia de un hombre muy bien informado. Los ecos del cubismo, del futurismo, del surrealismo, del art-decó, del simbolismo, del retorno al orden, de la pintura fruta, del modernismo... conviven sin pugna, quizás porque Acín no tuvo otra intención que la de dar testimonio de su tiempo también desde el arte.

Para conocer al artista hay que conocer al libertario, al pedagogo comprometido con los métodos de la Escuela Nueva, al escritor de manifiestos y artículos en la prensa anarquista, al delegado, portavoz y organizador sindical, al amigo, al compañero y al padre. Al hombre moderno, al vanguardista. El calor abrasa un museo triste. La melancolía se adueña de la mirada, atenta ya sólo a la sencillez de los materiales, a la suavidad de los trazos, a la delicadeza del color de las obras.