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La última lección de un maestro valenciano
Levante - 12/10/2004

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LA FOSA. LOS ARQUEÓLOGOS Y VOLUNTARIOS DE LA ARMH TRABAJANDO EN LA FOSA.


Abren una fosa común en Palencia donde estaba enterrado un docente republicano de L'Ènova fusilado por sus ideas progresistas. La derecha no le perdonó su ayuda a las familias pobres para que sus hijos estudiaran

Rafel Montaner, Valencia

La excavación de la fosa de Baltanás, una población de apenas 1.400 habitantes situada a 28 kilómetros de Palencia, ha servido para que la familia de Dasí recomponga las piezas de una trágica historia que comenzó al día siguiente del golpe de Estado de Franco contra la República y todavía sigue incompleta seis décadas y medía después.

Cuando Adela Dasí, la hija del maestro, supo que la ARMH iba a abrir la fosa no dudó en acudir a Baltanás para presenciar la exhumación de los 9 cuerpos que se creía que contenía. Finalmente, los arqueólogos han recuperado restos óseos de 15 personas y creen que todavía hay otros dos más.

Adela, junto a su primo V. Manuel, ya había hecho este camino hace dos años con el objetivo de intentar descubrir donde estaba enterrado su padre pero lo único que consiguió fue «un papel del ayuntamiento en el que dice que mi padre está desaparecido desde 1939».

Adela, que ahora tiene 71 años, cuenta entre lágrimas lo que sintió al ver a los arqueólogos y voluntarios de la ARMH sacar los restos enterrados en una antigua mina de yeso: «Me dio pena ver lo que les habían hecho. No hay derecho, no sé cómo las personas pueden ser así. Dejar a las familias destrozadas. A mi madre la dejaron viuda, con una cría que era yo, sin marido y sin hija, puesto que mi hermana pequeña murió mientras mi padre estaba detenido, y la pobre se quedó sin ninguna paga de nada».

La hija aún no entiende porqué su padre acabó en una fosa común: «Él no militaba en ningún partido, mi madre cuenta que sólo se dedicaba a sus clases y no se metía con nadie, e incluso los domingos llevaba a sus alumnos a misa».

El sobrino insiste en este aspecto: «No estaba afiliado, pero creía en la República al mismo tiempo que era católico al 100%. De hecho, el hijo de uno de los que formaron parte del pelotón de fusilamiento me ha contado que su padre le confesó que el último deseo del maestro valenciano fue morir mirando hacía una ermita del pueblo».

Denunciado por un docente falangista

Tanto V. Manel como Adela, y el propio catedrático, coinciden en señalar que Manuel posiblemente fue denunciado por otro maestro, un colega de la escuela de Baltanás que era un destacado falangista.

García Colmenares relata que el cuerpo de magisterio fue duramente represaliado durante los primeros meses de la Guerra Civil en la zona controlada por Franco, y Manuel «tuvo que ser un hombre significado ideológicamente, que aplicaba en la escuela el ideal progresista y de pensamiento laico que propugnaba la República».

V. Manel insiste en esta idea al contar que la labor sembrada por su tío todavía sigue viva en los antiguos alumnos de Manuel en Baltanás y Espinosa, que ahora rondan los 80 años, y en sus hijos: «En ambos pueblos aún recuerdan al maestro valenciano, y cuando fuimos hace dos años nos abrieron las puertas de sus casas y le rindieron un pequeño homenaje».

«Él intentó renovar la escuela de aquella España caciquil que le tocó vivir, y pensaba que la única forma de que el pueblo se librara de la opresión de los caciques era sacando a sus gentes de la ignorancia», recalca V. Manel. Por ello, se volcó en la enseñanza, continua, «ayudando a las familias que no tenían dinero a comprar libros para que sus hijos pudieran estudiar».

Luchaba contra el absentismo escolar, ya que si algún día un niño no iba a clase, por la noche se presentaba en su casa para ver que le había pasado, y para «motivar a los escolares inventó una cartilla de puntos -cuenta V. Manel- con la que premiaba el esfuerzo de sus alumnos con balones y cuentos».

Llevó, en definitiva, un aire nuevo a la escuela de la época al abrir las puertas de las aulas a los padres, «a los que llamaba a reuniones y con los que buscaba un diálogo permanente, por lo que no tardó en meterselos a todos en el bolsillo».

La labor educativa de Dasí, que en Baltanás abría el colegio por las noches para que los antiguos alumnos pudieran seguir estudiando cuando volvían de trabajar del campo, «despertó los recelos de personas influyentes de la derecha local», apunta V. Manuel, lo que granjeo envidias y odios que a la postre le costarían la vida.